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Todos hablan de unidad en este período pre-electoral. Muchos la proclaman como patrimonio exclusivo propio, para descalificar al competidor que difiere de sus opiniones u obstaculiza su camino. Pero para cada uno es un concepto distinto. En el lado oficialista la unidad significa sumisión y obediencia ciega a una voluntad unipersonal, totalitaria, de un solo líder, dueño de la verdad absoluta y rector de todas las vidas. Expresada esa voluntad única a través de unos pocos voceros ungidos, mandatarios obedientes y ciegos de la decisión del jefe único. Allí esa falsa unidad, esa obediencia ciega, es la tarjeta de entrada para participar en el reparto de las riquezas del poder. O para tener derecho a las migajas que permitan a muchos ciudadanos sobrevivir, exigiéndoles empeñar su dignidad y sus opiniones. En los sectores democráticos, la unidad tiene que ser, por principio, algo muy distinto. La unidad verdadera implica pluralidad, aceptación de las diferencias y encuentro en las coincidencias. Implica concertación para el logro de un objetivo común. Los sectores democráticos no podemos ver esta elección, como una oportunidad de tomar el poder para provecho personal, como una repartición de parcelas y un chance de enriquecimiento, como desgraciadamente es la realidad que estamos viendo en muchos que hoy detentan los cargos públicos. Lo que tenemos por delante no es el reparto de una piñata. Es una lucha por principios, por valores, por la defensa de nuestra nacionalidad, de nuestra gente. Por las necesidades de una población mayoritariamente pobre en un Estado inmensamente rico, con un gobierno que derrocha la renta petrolera sin dotar a los venezolanos de las condiciones básicas de calidad de vida decente. Es una lucha contra la corrupción, contra el descarado robo de los recursos que pertenecen al pueblo, sin atender sus verdaderas necesidades. Es una lucha por las libertades. Por la posibilidad de que cada comunidad, cada sector de la sociedad y cada persona pueda tener, y expresar su propio pensamiento y opiniones, defender sus intereses legítimos, regirse conforme a ellos y aspirar y lograr una vida mejor. Es por tanto una lucha por la paz, por el cese de la agresividad verbal, física e institucional contra los ciudadanos y de éstos entre sí. Es una lucha contra la inseguridad. Para devolverle a cada padre, a cada madre, a cada joven, la confianza de poder estar, vivir, moverse, circular, en su casa, en su vecindario, en su ciudad, en paz, sin temor al asalto, al secuestro o a la muerte. Es una lucha por la reconciliación nacional, por el encuentro entre todos los actores y entre todos los ciudadanos, de todos los colores, para construir entre todos el país de oportunidades para todos con el que soñamos. Donde el derecho al empleo sea una realidad concreta, para que la pobreza pueda ser superada con el trabajo digno, sin tener que vender las conciencias o la libertad de opinión. Donde se estimule la producción y la ganancia lícita, donde se construya, se produzca en el país lo que el país necesita y desaparezca el desabastecimiento en todos los rubros. Si esos son los verdaderos objetivos comunes, para los cuales queremos acceder a posiciones de gobierno en las próximas elecciones, si hay claridad al respecto, si sabemos que sólo podremos lograrlos actuando en conjunto y con un sólo candidato para cada cargo de elección, que sea aquél que en cada caso tenga mayor apoyo popular, no caben las luchas estériles y las descalificaciones, los insultos, los laboratorios de guerra sucia, y las falsas encuestas que algunos pequeños grupos o individuos, evidentemente ajenos a los objetivos comunes y pensando en intereses personales, pretenden utilizar. Es responsabilidad tanto de cada aspirante, como de todos los ciudadanos, contribuir a la unidad, a la verdadera unidad de propósitos, jugando con reglas claras, transparentes, visibles al público, que aseguren igualdad a los competidores, sin trampas, sin subterfugios, sin juegos adelantados, sin planes B para desinformar o crear dudas sobre los verdaderos resultados. Esa es la verdadera unidad que los ciudadanos esperan de nosotros, quienes tenemos responsabilidades de liderazgo dentro de los sectores democráticos. La sociedad, los ciudadanos y la historia sancionarán a quienes tengan la tentación de salirse de estos cánones democráticos. No podemos fallar y se que no fallaremos. La unidad se está construyendo, en todo el país. Pongamos cada uno la parte que nos corresponde, compitiendo con transparencia y con sentido de realidad de las posibilidades de cada quien, y sobre todo comprometidos con la verdadera meta común, con tolerancia, con respeto y con generosidad. Todas estas actitudes las necesitaremos luego también para gobernar, en común, con el aporte de todos, para la gran tarea de reconstruir nuestra nación, nuestro estado, nuestras instituciones, en beneficio de todos los ciudadanos.
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